El Tajo difícilmente pudo desecarse o desviarse en tiempo romano para hacer la obra, pues el encajonamiento de su cauce en el entorno de Alcántara no lo hubiera permitido. El sistema de llegar al lecho del río tuvo pues que ser el de las ataguías que utilizaron ya los ingenieros romanos. Sin embargo, la profundidad que tuvo el agua en el paraje, aún en tiempo de estiaje, pudo variar entre un mínimo de 3’5 m y los 8 m14. Fernández Casado opinaba que difícilmente pudo haberse realizado una ataguía con recinto de tablestacas con estos niveles de agua y la dimensión que tienen las pilas15, suponiendo que más bien se utilizaría un recinto de escollera. Aún así, la naturaleza del curso del río en Alcántara no dejaría de ser una dificultad añadida. El propio Fernández Casado y con los medios de ingeniería del tiempo contemporáneo, narra como experiencia propia al intentar establecer una ataguía de escollera para un puente de hormigón pretensado que construyó también en el Tajo: ... fue una verdadera lucha a brazo partido con las condiciones geométricas del cauce, de gran pendiente transversal y las hidráulicas del río, en avenida, que no nos dejaban poner piedra sobre piedra. Triunfamos gracias a las bombas hidráulicas de que disponíamos16 . Esta misma fuerza pudo afectar a las obras de cimentación del puente romano en Alcántara.
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Proyectó con Rafael Clemente algunas obras para la navegación del Tajo, pero la que más fama le dio fue la reconstrucción del puente de Alcántara, una de cuyas bóvedas, rota desde la Guerra de la Independencia, cerró en diciembre de 1857. Tras encerrar monedas de la época entre los últimos sillares, descimbró el arco en una solemne ceremonia, en que la clave solamente descendió un centímetro y medio. Con ese motivo, se le dedicó un soneto que comenzaba: “Comprendiendo de Lacer la osadía / Reedificaste el puente de Trajano / Devolviendo elegancia y gallardía / al pensamiento que trazó el Romano”. A pesar de las críticas vertidas por La Iberia, la Real Academia de la Historia efectuó un informe laudatorio de su trabajo y le nombró Académico Correspondiente en Cáceres. Tras su ascenso a inspector de 2.ª clase, en 1879 entró a formar parte de la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos y en 1881 presidió la Revista de Obras Públicas por elección de sus compañeros. En 1887 ascendió a inspector de 1.ª clase y fue nombrado presidente de la sección de Puertos y Faros en la Junta Consultiva.
Diferentes evidencias apoyan la hipótesis de la existencia de un proyecto arquitectónico para un puente anterior que, probablemente, se empezó y no llegó a construirse en su totalidad. Los restos de dos arcos externos y una bóveda de una estructura anterior al puente de época de Trajano indican la presencia de una construcción muy diferente respecto al monumento que conocemos en la actualidad. Este primer puente, fundamental para la explotación económica del territorio circundante ya en la temprana época altoimperial, pertenecería a un modelo arquitectónico poco adecuado para la topografía de esta zona del Tajo.
Al final de los trabajos de la presa empezó el llenado del pantano cerrando los túneles de desagüe que estuvieron en uso durante la construcción, esto provocó el secado total del cauce varios kilómetros rio abajo hasta la desmbocadura del rio Salor que rea el único cauce que llevaba algo de agua durante el verano.El puente romano quedó,sin río, por primera vez en la historia y esto llamó a los curiosos de la arquelogía además de interesados de todo tipo,fotografos,arquitectos y más.
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